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Por todo lo que es construido

El punto donde comienza y termina un círculo es impreciso. Lo mismo sucede en la práctica artística de Karian Amaya, cuyo punto de partida se desdibuja en la constante reconfiguración de la materia. Con una práctica arraigada en la forma y la materialidad, presenta ejercicios escultóricos que exploran las interacciones de dos elementos geológicos: el mármol y el cobre, provenientes de su estado natal, Chihuahua. 

 

Su exposición en Casa Redonda evidencia la naturaleza cíclica de sus procesos. Las esculturas fueron producidas con mármol recuperado de distintas regiones de México y fueron realizadas con el apoyo del PECDA David Alfaro Siqueiros Chihuahua y del CECA en Guadalajara, ciudad donde reside desde hace más de una década. Anteriormente, fueron exhibidas en instituciones de Jalisco y la Ciudad de México, marcando su incansable retorno a la fuente discursiva y formal de su producción. 

 

Bajo el desierto, el salar, la barranca y la montaña, los minerales tienen un comportamiento encapsulado y oculto de nuestro entendimiento. En este contexto, la artista especula sobre estas interacciones a través del encuentro entre materiales en crudo. 

 

El encuentro con el hombre inicia ciclos nuevos para los elementos, transformándolos en recursos y materiales: objetos de explotación y manipulación. Como la categoría de paisaje, que opera en el ámbito de la mirada bajo la implicación de un sujeto que observa la naturaleza y la convierte en objeto, los minerales deben ser extraídos para ser observados. 

 

La alusión al hombre no es fortuita. Como el minimalismo, movimiento artístico que informa la práctica de Amaya y que con el land-art empleó al paisaje mismo como material escultórico, la minería ha sido asociada con figuras masculinas equipadas con maquinaria industrial y la convicción de que dejar su huella en la naturaleza es su derecho. 

 

Heredera de la tradición de las mujeres en esta corriente artística, asociada con el cómo se mira a la tierra y no la huella que se deja, la serie Cielo abierto se enfoca en las marcas que deja la explotación minera a voladura: tanto las incisiones en la tierra como los cortes a los tejidos sociales de las comunidades locales. 

Instaladas sobre muro, la serie de placas de mármol Tierra desnuda presenta la materia como imagen. Al contrario, Cuerpo mineral se introduce como un lienzo en blanco, cuyo bastidor y superficie están hechos de cobre. Al suspenderse del techo y revelarse como un cernidor, se oscurece la poética del título de la muestra, se aplana: el mármol es usado en la industria de la construcción y el cobre da forma a sus herramientas. 

 

Al final, las huellas del hombre en la naturaleza como punto de partida hacen eco a su historia personal: su padre trabajó en su juventud en la mina La Prieta en Hidalgo del Parral, Chihuahua. Recientemente, concluyeron su ciclo juntos, inscribiendo al paisaje en el ámbito de la materia como un contenedor de la memoria. 

 

El cobre, resiliente ante los cambios, posee un ciclo de vida circular: siempre puede volver a su estado original. 

 

Maya Renée Escárcega