pleca gris

 

 

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El Anfibio Dorado

La obra de Fernando Montiel nos sitúa en un territorio liminal, ese espacio ambiguo donde los límites entre lo natural y lo humano se difumina. A través de una serie de objetos alterados, el artista genera una extraña primera impresión: lo que vemos parece naturaleza, pero algo en su forma o en su contexto nos puede parecer inquietante.

 

Al mirar más de cerca, identificamos elementos conocidos—flores, azulejos, plástico—intervenidos de forma normal. Entonces comprendemos: su alteración proviene de una mano humana que los ha transformado. Montiel no construye objetos, sino que revela los ya modificados, lo que ya ha sido tocado por lo liminal.

 

Es en esta ambigüedad donde surge una linda metáfora en su obra: la figura del anfibio como criatura de doble vida, capaz de transitar entre el agua y la tierra, entre la presencia y la ausencia, entre el ser y el no ser. Como una reflexión sobre aquello que no pertenece del todo a ningún mundo, lo que habita el umbral.

 

Así, los objetos que Fernando Montiel presenta no son meramente cosas. Son cuerpos anfibios: suspendidos entre lo orgánico y lo intervenido, entre lo vivo y lo desecho. Al volver a mirarlos, descubrimos que siempre hemos estado unidos en su construcción.

 

Antonio Nájera