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EXPO 03

 

La última función

Francisco Servín Romero

12. 06. 2026 – 13. 09. 2026

 

 

Antes de entender el circo, lo sentimos. El olor de la carpa, la oscuridad que de pronto se rompe en luz, el corazón que se acelera sin saber bien por qué. El circo no se explica desde afuera: se recuerda desde adentro, desde esa primera vez en que alguien nos llevó de la mano y nos dijo “mira”. Y miramos. Y el mundo, por un momento, fue distinto.

 

El circo siempre ha sabido leer su tiempo. Lo que una época celebró como maravilla, la siguiente lo interrogó, lo cuestionó, lo transformó. Los actos cambian, los personajes evolucionan, la cultura popular encuentra nuevas formas de asombro y el espectáculo se reinventa para seguir siendo espejo de lo que somos. Pero hay momentos de transición en que una forma de hacer las cosas se despide, y con ella se va también una parte de la memoria compartida. Este trabajo fotográfico nació en uno de esos momentos.

 

Formado en fotoperiodismo por World Press Photo y la Fundación Pedro Meyer, con una Maestría en Estudios y Procesos Creativos por la UACJ, Francisco “Pako” Servín ha construido un lenguaje propio. Sus fotografías no buscan solo registrar, buscan transformar la percepción de la realidad, generar, como él mismo ha escrito, vínculos íntimos entre quien mira y lo que es mirado. Su mirada fronteriza sabe que la permanencia es una ilusión y que el acto de fotografiar es, en sí mismo, una forma de resistencia y un acto para la memoria.

 

Fotografiar esa última función fue un gesto silencioso, una forma de decir que ese recuerdo importa, que merece ser preservado. La memoria personal fue la puerta, pero lo que encontró adentro fue algo más grande: una comunidad entera despidiéndose de una parte de sí misma.

 

Estas imágenes son una invitación a soltar por un momento el peso de ser adultos. A acercarnos desde la inocencia del niño que fuimos, cuando alguien de la mano nos llevó por primera vez bajo una carpa y el mundo cabía en una pista iluminada. A recordar los lazos que se tejieron en estos escenarios: la risa compartida, el asombro en los ojos ante el espectáculo, la boca que se abre sola, el cuerpo que se inclina hacia adelante sin darse cuenta, la mano que busca otra mano porque hay cosas que el cuerpo necesita compartir para poder soportarlas. La extraña solidaridad de los músculos que se tensan en las gradas cuando allá arriba, en la luz, un cuerpo decide confiar en sí mismo. Y ese otro asombro más silencioso: el de descubrir en los ojos de un animal algo que nos reconoce, y reconocernos también en ellos. Es desde esa memoria, desde la magia de la vida, que Francisco Servín nos invita a vivir esta exposición.

 

Mtra. Martha Mónica Curiel García